A pesar de la reciente situación bélica en Irán, las perspectivas de la bolsa no han cambiado mucho. Por un lado, las expectativas de beneficios empresariales siguen siendo – al menos por el momento –claramente alcistas, con crecimientos de doble dígito tanto en EEUU como en Europa. Por otro lado, los múltiplos de valoración tipo PER están en niveles normales en Europa (o sea en línea con su media histórica de aprox. 14 veces), si bien un 20% caros en los EEUU (22 veces vs 18 de media histórica): nada nuevo porque llevamos así desde hace dos o tres años.
Si bien no descartamos cierta caída de la bolsa americana, motivada por su nivel de carestía, el contagio a la europea sería moderado porque no está cara, con lo que la caída – si la hubiere – no haría un gran daño a una cartera diversificada en la cual los EEUU pesen por ejemplo un 50%.
Los mercados han compartido esta visión de riesgo moderado: las minusvalías causadas por el anuncio de la guerra de Irán han sido mínimas, como ya lo fueron en la guerra de Ucrania, la de Israel con Hamás, y otras anteriores en los últimos años.
Y es que el gran riesgo que tienen las acciones no es su carestía ni la guerra de Irán, sino que caigan los beneficios, o simplemente que no suban nada, frustrando la expectativa de crecimiento a doble dígito. En las crisis bursátiles de los últimos 25 años, las caídas fuertes sólo han ocurrido cuando han caído las expectativas de beneficios. Sin ello, las bolsas solo tienen “mini crisis”, con retrocesos de un 10-15 (a veces 20%).
Así pues, a la gran pregunta es si podrían reducirse los beneficios esperados de forma relevante. Y caben dos respuestas. La pesimista es que la roe (rentabilidad sobre recursos propios) de las empresas revierte a su media: si son muy rentables, empezarán a ampliar capacidad y competir entre sí con más fuerza, bajando la rentabilidad; mientras que si son poco rentables reducirán capacidad y subirá la rentabilidad. Una y otra fuerza conllevan la reversión a la media de la roe. Y los pesimistas dicen que la roe es demasiado alta: 15% en Europa versus 12% de media histórica; y 22% en EEUU versus una media histórica del 18%. En ambos casos están excedidas en un 20% y tienen que caer.
La opinión optimista defiende que estaremos con ROEs altas durante un ciclo largo debido a que las nuevas tendencias están haciendo que las grandes empresas, cotizadas en los principales índices, sean más rentables que las pequeñas, a menudo no cotizadas (o cotizadas pero miembros de índices secundarios), por ser éstas menos adaptables a las nuevas tecnologías. Y los datos parecen avalar su opinión: la roe de los grandes valores americanos ha subido del 18% de media al 22% actual, pero los pequeños se han quedado estancados en el 12%. Pudiéramos estar en una “nueva normalidad” en la que las elevadas rentabilidades de las grandes empresas no se deban a un exceso transitorio sino a ventajas posicionales que durarán bastantes años.
El lector puede escoger por qué argumento decantarse. Pero, en cualquier caso, está claro que en el largo plazo la bolsa ha rentado aproximadamente un 7% anual (depende de a qué índice hagamos referencia y de qué periodo hablemos): es un 3 o 4% por encima de los bonos. Si la bolsa cayese un 20% o incluso algo más, esa minusvalía se recuperaría con unos 5-6 años gracias a dicha prima, lo cual no es un mal planteamiento de inversión.



